Increíble. Alucinante. Mágico. Todos los adjetivos se quedan cortos para definir lo que fué el concierto de Andrew Bird en la madrileña sala Joy Slava el pasado 21 de noviembre.
Él solo en el escenario, y a sus pies una enorme cantidad de pedales con los que juega como un niño travieso. Graba su silbido, un acompañamiento, su violín, y toda la sala mira boquiabierta. Entre canción y canción cuenta hilarantes historias que fomentan aun más la perplejidad del respetable. El multiinstrumentista de Chicago tiene a día de hoy uno de los shows musicales más originales que puedan verse en el mundo. Un hombre orquesta del siglo XXI, alguien dotado de una imaginación única para trazar melodías. Y además un excelente intérprete, con una voz que le sitúa entre los mejores crooners que puedan verse hoy día.
Ver a Andrew Bird en directo debería ser obligado para todo aquel que se dedica a la música. Más de uno podría replantearse su futuro.
La semana pasada teníamos la suerte de contar de nuevo en Madrid con Yann Tiersen, músico polifacético y multiinstrumentista, famoso (muy a su pesar) por la banda sonora de Amelie. El músico francés está (literalmente) hasta las narices de que todo el mundo piense que sólo es el autor de las lánguidas melodías que acompañaban las andanzas de la dulce Amelie Poulain por las calles de París. Yann Tiersen es mucho más que eso.